El norte del Perú podría elevar hasta 20% la producción nacional de cobre

El desarrollo de nuevos proyectos de cobre en el norte del Perú podría convertirse en una fuente adicional de crecimiento para la producción nacional durante los próximos años. De acuerdo con una estimación planteada por el economista y especialista en minería César Peirano, la puesta en producción de los proyectos ubicados en esta zona podría contribuir a elevar entre 10% y 20% el volumen nacional de cobre en un horizonte aproximado de cinco a seis años.

La propuesta parte de la necesidad de incorporar nuevas operaciones y ampliar las existentes para sostener el crecimiento de la producción cuprífera peruana. Según el especialista, el país enfrenta el desafío de transformar una parte importante de su cartera de proyectos mineros en nuevas unidades productivas, en un contexto en el que algunos yacimientos actualmente operativos enfrentan una disminución progresiva de sus leyes minerales a medida que avanzan en su vida útil.

El denominado cinturón de cobre del norte concentra importantes proyectos y recursos cupríferos, principalmente en regiones como Cajamarca y otras zonas del norte del país. Entre las iniciativas asociadas a este corredor se encuentran Michiquillay, El Galeno, La Granja, Conga y Cañariaco, proyectos que se encuentran en diferentes etapas de desarrollo y que forman parte del potencial minero de esta región.

El potencial de esta zona adquiere relevancia frente a la necesidad de incrementar la oferta futura de cobre. El Perú mantiene una posición destacada dentro de la producción mundial del metal y cuenta con una cartera de proyectos que podría ampliar su capacidad productiva si logra avanzar hacia las etapas de construcción y operación.

Sin embargo, convertir ese potencial en nuevas toneladas de cobre requiere superar diferentes etapas. Los proyectos necesitan completar estudios técnicos, obtener permisos, desarrollar infraestructura, asegurar financiamiento y establecer condiciones adecuadas para su construcción y posterior operación. Por ello, el incremento de entre 10% y 20% señalado por Peirano corresponde a un escenario condicionado al desarrollo efectivo de los proyectos, y no a una producción adicional ya asegurada.

La producción actual muestra además el peso que tienen las grandes operaciones sobre la oferta nacional. En julio de 2026, la producción peruana de cobre alcanzó 236,515 toneladas métricas finas, según cifras difundidas a partir de información oficial del sector. En ese mismo mes, la producción de cobre registró un crecimiento interanual de alrededor de 3.8%, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática.

El desarrollo de nuevos proyectos permitiría no solo incrementar el volumen producido, sino también ampliar la participación de nuevas regiones en la actividad minera. Para el norte peruano, esto implicaría oportunidades asociadas a infraestructura, servicios especializados, proveedores, empleo y encadenamientos productivos vinculados a la minería.

En este escenario, uno de los principales desafíos será reducir la distancia entre los proyectos que forman parte de las carteras de inversión y aquellos que efectivamente llegan a la etapa de construcción. El desarrollo de infraestructura, la predictibilidad de los procesos, la inversión privada y el relacionamiento con los territorios serán factores determinantes para que el potencial geológico pueda convertirse en producción efectiva.

Peirano también ha planteado la necesidad de desarrollar una estrategia que combine la puesta en marcha de nuevos proyectos con las ampliaciones de operaciones existentes. Esta combinación permitiría sostener la oferta nacional frente a la disminución natural de las leyes minerales de algunos yacimientos y, al mismo tiempo, generar capacidad adicional para responder al crecimiento de la demanda mundial de cobre.

El horizonte planteado de cinco a seis años también refleja la naturaleza de los grandes proyectos mineros, cuyos procesos de desarrollo requieren periodos prolongados antes de alcanzar la producción comercial. Por ello, las decisiones que se adopten actualmente sobre exploración, permisos, inversión e infraestructura tendrán incidencia sobre la disponibilidad futura del metal.

El cobre mantiene además un papel estratégico para la economía mundial debido a su utilización en redes eléctricas, infraestructura energética, electrificación, tecnologías renovables y otros sectores vinculados a la transición energética. Para el Perú, avanzar en nuevos proyectos representa una oportunidad para sostener su posición como productor relevante y aprovechar el potencial de sus recursos minerales.

En ese contexto, el cinturón cuprífero del norte aparece como una de las zonas que podrían contribuir al crecimiento futuro de la producción peruana. La materialización de ese potencial dependerá, sin embargo, de que los proyectos logren avanzar desde las etapas de evaluación y desarrollo hasta la construcción y operación.

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