No hay desarrollo sin minería

La minería y agricultura en Perú, representan alrededor del 20% del PBI, el 27% de la población económicamente activa y casi el 75% de las exportaciones.  En la agricultura, la agroexportación para orgullo de todos los peruanos cada año avanza a un ritmo de casi 10%, el año pasado se ha exportado casi 5 mil setecientos millones de dólares, este año ha pasado los 6 mil doscientos millones y esperamos que el 2021, con las políticas adecuadas que se deben dar, estar rosando los 10 mil millones en agroexportación, pero no solamente son números, sino que eso causa generación de más puestos de trabajo, el empleo trae demanda, la demanda reactiva la recaudación, es todo un ciclo, donde lo más importante es la inversión, porque si no se invierte, no hay producción, manifiesta en entrevista el Ing. Romulo Mucho, presidente del I Congreso AGROMIN 2018.

Debemos continuar con los grandes proyectos de irrigación, Alto Piura, Olmos, Chavimochic, Chinecas, Ica, Majes – Siguas. La agricultura familiar necesita más apoyo, tenemos el agrobanco en una situación difícil, es decir, no hay crédito, dificultad al acceso al agua, falta de tecnología, desconocimiento de mercados para nuevos productos, es decir, planificación y producción con conocimiento.
Para la minería, debemos reactivar los proyectos mineros en el portafolio de proyectos mineros para seguir atrayendo inversiones extranjeras y locales, seguir aumentando nuestros ingresos por mayores volúmenes y precios de metales atractivos. Por cada mil millones de soles que exporta el Perú en minería, genera 1200 millones para el PBI, que forma parte de la economía nacional, tanto en el directo que es el pago directo a los trabajadores, los indirectos que son pagos por los servicios y otros.
Por cada 1000 soles que se exporta se genera impuestos por 81 soles. Según el MEM, la minería aportó en el 2017 un estimado de 13% del PBI.

¿Qué factores han contribuido para reducir el dilema en el uso de los recursos?
Sinceramente, creo que la percepción negativa hacia la minería no es de la mayoría, sino de una minoría que ha encontrado en esta percepción como una plataforma de trabajo antisistema en el Perú. Desafortunadamente la gente tiende a creer psicológicamente en lo negativo que en lo positivo.
Aquí damos algunas reflexiones para mejorar este paradigma negativo:
Un primer elemento a tener en cuenta es el diálogo multiactor. Es la interacción entre el Estado, la población y la empresa minera. Mientras este diálogo y acción conjunta no se dé, poco se puede esperar. Quien está fallando no es la empresa minera, es el Estado (nacional, regional y local). No obstante que cuenta con los recursos del Canon Minero, no es capaz hasta el momento, de lograr desarrollo sostenible en el entorno social de siquiera una operación minera.
– Un segundo elemento a tener en cuenta es la aplicación del enfoque de Desarrollo Territorial. Este concepto no es otra cosa que la capacidad que tiene determinado grupo social para vencer a la pobreza. Por la riqueza que de ellas se extraen, las zonas de mayor bienestar en el Perú debieran ser las áreas vecinas a las operaciones mineras. Es inconcebible y no tiene sentido que, paradójicamente, en la mayoría de los casos éstas sean las más pobres. El Desarrollo Territorial se basa en dos grandes pilares: (1) el aprovechamiento de los recursos actuales y potenciales de la cuenca (o sub cuenca) en la que se realiza una operación minera y (2) la formación de corredores económicos en base a los emprendimientos empresariales familiares. Este es el trabajo que debe realizar el Estado y en el que la empresa minera, está en capacidad de colaborar.
Por lo general, en la cuenca en la que se realiza una operación minera no solo hay minerales, existe también agricultura, ganadería, acuicultura, biodiversidad, etc. La minería tiene que desarrollarse en armonía con los demás recursos con especial énfasis en el cuidado del recurso hídrico.
– Un tercer elemento que se debe contemplar dentro de las acciones de Responsabilidad Social, es la medición de los impactos sociales de la actividad minera. Cuando una mina llega a un territorio, dinamiza la economía. Todo desarrollo tiene un costo ambiental y un costo social. Lo que debemos hacer es poner sobre la balanza el costo-beneficio socio ambiental de una operación minera. Urge en este sentido, empezar a hacer las mediciones. Lo que no se mide, no se puede gestionar eficientemente.
– Un cuarto elemento lo constituye la comunicación asertiva por parte de la empresa minera. Lo que no se comunica simplemente, no existe.
Muchas de las obras que realizan los alcaldes de las áreas de influencia de las operaciones mineras, se realizan con dinero proveniente del Canon Minero, de los aportes voluntarios o de los Fondos Sociales creados por las mineras. Las poblaciones desconocen esto y los anti mineros aprovechan este desconocimiento sabiendo que, quien no está cumpliendo con su rol, es el Estado.

¿Qué intereses comunes existe entre la minería y la agricultura para la búsqueda de bienestar y desarrollo de los stakeholders?
La agricultura y la minería en Perú, representan alrededor del 20% del PBI, el 27% de la población económicamente activa y casi el 75% de las exportaciones. Por ello, AGROMIN tiene el desafío de dinamizar y desarrollar con fuerza ambas actividades que han coexistido históricamente. Haciendo bien las cosas, haremos también felices a las personas.

¿Cómo se involucra el Estado para generar oportunidades entre ambos sectores?
La empresa privada y el Estado tienen la tarea de desempeñar un rol principal en el desarrollo de las comunidades donde se realiza la actividad minera.
Con respecto a la empresa minera, han hecho esfuerzos para tener políticas de responsabilidad social y de asistencia con gente muy especializada y de un modo planificado, realizado importantes programas de reducción de la desnutrición infantil, educación e infraestructura. Se ha venido implementando una visión enfocada en el desarrollo sostenible, lo que ha convertido en una necesidad para cualquier compañía. La sostenibilidad, entendida como la búsqueda de generar acciones socialmente responsables que permitan el desarrollo y empoderamiento de las comunidades.

 

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