Enero: el mes clave para la partida de una gestión energética real

Por: Vanessa Moreno, Country Manager para Perú y Bolivia Schneider Electric

Durante años, la gestión energética en las empresas se ha abordado desde una lógica principalmente reactiva. Medir el consumo total, comparar cifras mensuales y buscar reducciones puntuales ha sido, en muchos casos, el límite del análisis. Sin embargo, hoy existe un consenso cada vez más claro: no es suficiente saber cuánto se consume si no se comprende cómo, cuándo y para qué se utilizan los recursos energéticos dentro de la operación. Controlar el consumo permite observar un resultado, pero gestionar esta variable implica entender sus causas y su impacto real en los procesos del negocio.

 

En este escenario, es habitual que enero sea concebido como el mes del “análisis de data”. Sin embargo, esta aproximación parte de una premisa que no siempre se cumple: que la información disponible ya existe, es confiable y suficientemente representativa del uso real de los recursos energéticos. En muchos casos, los registros son fragmentados, incompletos o poco precisos. Analizar cifras que no reflejan con claridad la dinámica operativa puede conducir a conclusiones parciales y a decisiones que no generan impactos sostenidos en el tiempo.

 

Por ello, más que asumir enero como un periodo exclusivo de análisis, resulta necesario cambiar el enfoque y entenderlo como el mes clave para la gestión e inversión en generación de datos energéticos. El inicio del año ofrece una oportunidad estratégica para sentar las bases de una gestión más madura del desempeño energético, capaz de acompañar a la empresa durante todo el ciclo anual y no limitarse a ajustes reactivos o de corto plazo.

 

Invertir desde enero en herramientas, sistemas de medición y capacidades que permitan capturar información más precisa transforma la manera en que se entiende el uso de los recursos energéticos dentro de la organización. No se trata únicamente de registrar consumos, sino de construir una base sólida de información que permita observar el comportamiento de la demanda en el tiempo, identificar patrones, comparar periodos y comprender la relación entre consumo, procesos y resultados del negocio. Esta base es la que, en los meses siguientes, permitirá analizar con mayor profundidad, anticipar desviaciones y tomar decisiones verdaderamente informadas.

 

Mirando hacia los próximos años, este enfoque cobra aún más relevancia. Las empresas enfrentan un entorno marcado por una mayor digitalización, procesos cada vez más electrificados y crecientes exigencias en materia de sostenibilidad. En ese contexto, contar con datos confiables y bien estructurados sobre el desempeño energético no es un elemento accesorio, sino un habilitador fundamental para operar con mayor eficiencia, resiliencia y competitividad.

 

En definitiva, enero no debería ser un mes dedicado únicamente a revisar números del pasado, sino el momento en el que las organizaciones deciden cómo quieren gestionar el uso de la energía a lo largo del año. Apostar por la generación de datos desde el inicio permite pasar del simple control del consumo a una verdadera gestión del desempeño energético, convirtiéndolo en un activo estratégico y no en un costo difícil de controlar.

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