El nuevo marketing de los ciberataques y cómo la IA está acelerando el cambio

Por: Gonzalo Garcia, VP de Ventas para Fortinet Sudamérica

Durante años, la ciberseguridad se pensó como un problema técnico. Firewalls, parches, detección de malware. El atacante era alguien que sabía más de sistemas. Hoy esa imagen quedó desactualizada. Los ataques más efectivos ya no se apoyan en vulnerabilidades de software, sino en algo mucho más cotidiano: la forma en que las personas deciden, confían y responden a un mensaje.

Los hackers están incorporando conceptos clásicos del marketing digital. Prospección, segmentación, personalización y secuencia. Ya no envían un correo genérico esperando que alguien caiga. Analizan primero a la persona: su rol, su lenguaje, sus publicaciones, sus horarios, su contexto laboral. Como cualquier campaña bien diseñada, el mensaje se adapta al “público objetivo”.

La inteligencia artificial acelera este proceso. Permite identificar disparadores emocionales, ajustar el tono y elegir el canal adecuado. Un primer contacto puede ser inofensivo: un correo informativo, una invitación profesional, un mensaje neutro. No busca comprometer nada. Busca algo más valioso: reconocimiento, confianza, familiaridad.

Luego vienen los siguientes “toques”. Un segundo mensaje coherente con el primero. Un tercero que introduce urgencia o autoridad. El ataque ya no es un evento aislado: es una campaña maliciosa con múltiples toques, diseñada tanto para maximizar la probabilidad de éxito como para evadir controles tradicionales de seguridad, pensados para detectar anomalías puntuales, no narrativas sostenidas en el tiempo.

Este es el verdadero cambio. El phishing moderno ya no parece phishing. Se parece a una campaña bien ejecutada. Y por eso funciona.

Frente a este escenario, las respuestas también deben evolucionar. No alcanza con más tecnología perimetral. Las organizaciones necesitan campañas de entrenamiento continuo para empleados, que simulen ataques reales y desarrollen criterio, no solo cumplimiento.

Necesitan monitoreo avanzado de las suites de colaboración empresarial, donde hoy se concentra gran parte de la interacción y del riesgo. Y necesitan capacidades de Operaciones de Seguridad (SecOps) que reduzcan drásticamente los tiempos de detección, contención y respuesta, porque cuando el ataque es narrativo, cada minuto cuenta.

La frontera de la ciberseguridad no pasa solo por proteger sistemas. Pasa por proteger a las personas. Y eso exige una visión integrada: una plataforma de ciberseguridad capaz de unificar visibilidad, inteligencia y respuesta, al ritmo de adversarios que ya entendieron algo fundamental, que influir es tan poderoso como explotar.

 

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