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La resiliencia climática es ahora
En un país como el Perú, donde los efectos del cambio climático se sienten con fuerza, desde deslizamientos y huaicos en la sierra hasta sequías y olas de calor en la costa, hablar de resiliencia climática empresarial ya no es una opción, sino una urgencia. Este concepto, que implica la capacidad de anticipar, resistir y adaptarse a los impactos del cambio climático, se ha convertido en un eje esencial de la sostenibilidad corporativa.
Según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), el 2024 fue uno de los años más cálidos de la última década en el Perú, con temperaturas en Lima hasta 3 °C por encima del promedio histórico. De acuerdo con el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), los desastres naturales ocasionados por eventos climáticos extremos como el Fenómeno El Niño han generado pérdidas económicas superiores a 3,500 millones de dólares en determinados periodos, afectando la infraestructura, la agricultura y la continuidad de las operaciones empresariales.
En este contexto, la resiliencia no se limita a reducir emisiones o compensar la huella de carbono. Implica integrar la adaptación climática en el núcleo de las decisiones de negocio. La continuidad operativa, la seguridad de las cadenas de suministro y la infraestructura crítica dependen de ello. Sin embargo, un reporte de progreso de sostenibilidad 2025 de Perú Sostenible revela que solo el 48 % de las empresas del país cuenta con metas o políticas activas para mitigar los impactos del cambio climático, mientras que el 37 % ha implementado medidas de eficiencia energética en sus operaciones. Estos avances, aunque positivos, demuestran que aún existe un amplio margen para fortalecer la acción climática corporativa.
Por ello, la eficiencia energética, la digitalización y la electrificación se convierten en herramientas clave para construir organizaciones más preparadas, capaces de mantener su operación incluso en escenarios adversos. Las compañías que asuman esta responsabilidad con visión y coherencia no solo mitigarán riesgos, sino que liderarán la transición hacia una economía baja en carbono, más competitiva y sostenible. Prepararse hoy para seguir operando mañana.
Fuente: Difusión
